Criar en la era de la Crisis Climática

¿Cuál es el mayor reto de los padres frente a los cambios que nuestro planeta está sufriendo?

Casi todo que hacemos produce una huella de carbono. Vivir genera contaminación porque al respirar exhalamos CO2. Si a eso le sumamos: comer, principalmente comida empacada o cocinada fuera de casa -cocinar también contamina, aunque en menor escala que la huella producida por la industria alimentaria procesada-; vestirnos, la industria textil es una de las más contaminantes, ver informe de la WWF, 2017; transportarnos, uno de los mayores desafíos a escala global si consideramos además los vuelos que se realizan a diario en el planeta; divertirnos, asistir a un festival de música o incluso ir al cine. ¿Seguimos?

Tener un hijo es un reto que involucra muchísimo más que sólo criarlo. En nuestros días, implica también revisar qué haremos para que su presencia en el mundo no sea un factor más que ponga en riesgo la vida y la sostenibilidad del planeta. ¿Te resulta exagerado que diga algo así? Por desgracia no lo es. De acuerdo con El cambio climático. Causas, efectos y soluciones, de Mario Molina, José Sarukhán y Julia Carabias, el crecimiento poblacional es la principal causa de la crisis climática que vivimos, seguida por la demanda de energía y recursos que ese crecimiento ha generado, y por último están el tipo de energías utilizadas para el desarrollo económico que buscamos.

Así que sí, nuestra presencia es un daño constante al planeta en que vivimos y cada ser humano nuevo es un desafío, una responsabilidad no sólo familiar, sino también social.

¿Cómo hacer entonces para asumir esa responsabilidad y amortiguar la huella ecológica de nuestra familia? 

Después de tener una actitud abiertamente beligerante sobre temas de Crisis Climática, descubrí que utilizar las redes sociales para sacar todo mi enojo era francamente una locura. Nadie aprende en cabeza ajena y cuanto más autoritario y agresivo sea el llamado, menos posibilidades tendrá de llegar a su destino. No, no le sirvo a nadie enojada. La verdad es que no hay actitud más poderosa y mensaje más concluyente que el del ejemplo. Hacer simplemente lo que uno cree que está bien es el llamado más respetuoso para actuar, para que otros se sumen. Y el ejemplo más poderoso de eso es Greta Thunberg, la adolescente con Asperger que se ha convertido en la más podeosa voz ambientalista de los últimos meses,

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Por eso, comparto con todo el respeto, tolerancia y cariño esto que en nuestro día a día se ha transformado en una manera amorosa de reconciliarnos con el planeta y asumir nuestra responsabilidad familiar. No es mucho, no es poco. No nos hace mejores, simplemente nos sana y nos ayuda.

  1. Una conciencia permanente hacia la Crisis Climática. A veces esto resulta lo más difícil, porque criar “limitando” no es fácil para nadie, pero al hacerlo con respeto, resulta mucho más fácil de lo que pensamos. Criar con conciencia se traduce en recordarle a nuestra hija y recordarnos también que cada envase que utilizamos y cada compra que hacemos va más allá del momento, por lo que es indispensable que reflexionemos qué pasará con eso y de ahí decidir lo mejor que podamos. Por ejemplo, si tenemos ganas de un bocadillo en el coche, quizá sea mejor llevar una manzana picada en lugar de unas gomitas en bolsas individuales. Gracias a esta conciencia, el agua o las bebidas embotelladas en general, han quedado practicamente fuera de nuestras compras. Claro que no siempre se puede y también se vale ser tolerantes, lo importante es tener presente el resultado de nuestros actos.
  2. Elegir la opción con el menor impacto posible. Esto deriva directamente de lo anterior. Al tener conciencia del efecto de nuestras acciones, es mucho más sencillo decidir con más conocimiento y, por lo tanto, tomar la decisión más responsable para todos. Esto se traduce en cambiar el plástico por el vidrio o el tetrapack, o en elegir mejor la diversión del fin de semana, tratando de utilizar menos el coche. Se trata de una forma de amortiguar el no para transformarlo en algo que sea viable y que nos haga sentir bien a todos. Repito, no siempre es posible, pero cuanto más nos habituamos al repetirlo tanto como sea posible, más fácil resulta para todos.
  3. Pensar nuestras compras a largo plazo. Cuando hacemos una compra de cualquier tipo, buscamos que dure, que sea algo que se quede con nosotros lo suficiente para disfrutarlo, pero también para no tener que tirarlo. Eso implica que compremos cosas a veces más caras, pero también que compremos menos. No solo vale salir del paso, sino hacerlo con la conciencia encendida, sabiendo que una aspiradora nueva o un celular van a quedarse con nosotros y no podrán ser desechados tan fácilmente. A la larga, implica un ahorro más sustancial que el de sólo comprar por comprar algo barato que acabará por dejar de funcionar y necesitará ser reemplazado.
  4. Manejar nuestra basura, hacerla visible. Todo gira en torno a la conciencia y por eso está relacionado. Darte cuenta de cómo termina lo que compras es una gran lección de responsabilidad. En nuestro caso, no siempre nos hemos hecho cargo pero tratamos de que sea lo más seguido posible: compostamos la mayor parte de nuestros desechos orgánicos -a excepción de los restos de comida preparada- y separamos y reciclamos nuestra basura acudiendo al Mercado del Trueque. También tratamos de reutilizar las cosas que tenemos en casa o incluso la basura que generamos, por ejemplo, utilizando como semilleros los envases PET que nos dan para llevar a casa la comida en restaurantes.
  5. Comprar sólo lo necesario o buscar opciones de reuso. Yo personalmente soy fanática de lo usado. Mi casa está llena de muebles usados y francamente los adoro, pero mi gusto no se limita en los muebles, también adquiero ropa y zapatos y los visto con cariño desde hace muchos años. El mercado de la Lagunilla, el clóset de mi hermana y Troquer son mis tiendas de moda preferidas. Y mis hijos no se quedan atrás, su ropa también es de reuso, ya sea de ellos o de sus primos o de amigos. Todo va y viene según se necesite. Por su puesto, evitamos a toda costa consumir fast fashion. 
  6. Fabricar en casa lo más posible. Sembrar y cosechar tu propia comida es una maravilla y más cuando tienes niños y los dejas participar. Comer lo que se siembra ayuda a todos a situarse en la realidad de la naturaleza y la importancia de conservarla, pero además es un deleite total y una satisfacción enorme. Así que por pequeño que sea el huerto, vale la pena intentarlo. Por otro lado, hacer tu propia comida, tus propios cosméticos y todo lo que se pueda en casa vale la pena. Y aquí es cuando hablamos de inversiones porque máquinas como la Thermomix son ideales para este tipo de cosas. En casa fabricamos nuestra cátsup, crema de cacahuate, mayonesas, pan, galletas, salsas y aliños, concentrado de verduras, y yo me hago mi propio desodorante y shampoo.
  7. Deshacernos del desechable. El papel de baño y las servilletas todavía no están en nuestra lista de desechables desechados, pero esperamos logarlo algún día. Por lo pronto, tratamos de utilizar la menor cantidad de platos y cubiertos desechables en reuniones o utilizar de cartón o biodegradables. Las bolsas de plástico están casi fuera de nuestro consumo -no cuando se trata de comprar tunas, por ejemplo-. Con la llegada de nuestro segundo hijo hicimos el firme propósito de usar pañales de tela y hasta ahora vamos de gane usando desechable sólo por las noches y cuando vamos de viaje. También hacemos nuestras propias toallitas húmedas con trapitos desechados y una mezcla de jabón y aceites esenciales. No todas las toallitas que usamos son de reuso, pero al menos amortiguamos gran parte de las desechables que sí usamos.
  8. Disminuir considerablemente nuestra ingesta y consumo de productos animales. Por mi parte, desde hace casi 2 años evito los productos derivados de animales salvo los insectos. Mis hijos consumen huevo, jamón y pollo de vez en cuando, procurando que su dieta esté basada, como la mía, en vegetales.
  9. No utilizar innecesariamente los electrodomésticos. Esto aplica principalmente para la secadora de ropa, que procuramos utilizar sólo cuando está lloviendo o de plano no hay oportunidad de tender la ropa y esperar a que se seque. También lavamos la ropa oscura mediante un solo ciclo de tallado y centrifugado gracias a Newen. Por mi parte, estoy tratando de utilizar menos el celular y evitar encender aplicaciones de ayuda vial -Waze, Google Maps-, cuando conozco la ruta y tengo tiempo para llegar a mi destino. Tampoco utilizamos ni teneos más en casa microondas por razones de salud y nos ha ido muy bien sin éste. No tenemos lavaplatos y aunque todavía dependemos mucho de la plancha, tratamos de seleccionar muy bien la ropa que sí planchamos.
  10. Comprar en mercados, puestos locales, centrales de abastos y a granel. Frutas, verduras, leguminosas y otros productos de consumo cotidiano de nuestro hogar, provienen en su mayoría del mercado local. Lo cierto es que todavía compramos verduras y frutas en el supermercado, esto debido a que cada 15 – 20 días hacemos una compra por volumen y lo que hace falta cotidianamente lo reponemos yendo al súper cuando no encontramos un puestito o local de venta cercano. También está lo que compramos en Costco, que aunque ya no es tanto como antes, todavía no podemos ni queremos evitarlo por completo, pues de vez en vez encontramos alternativas que nos hacen más feliz la vida.
  11. Medios de transporte eficientes. Si bien lo ideal sería viajar en transporte público tanto como podamos, he de confesar que esa opción no la seguimos. Después de un par de veces de intentarlo con nuestra hija desistimos un poco. En solitario o en pareja solíamos hacerlo, pero ya no últimamente. En cambio, ahora utilizamos un auto híbrido para viajes en solitario y sólo usamos una camioneta familiar cuando salimos juntos. Esperamos que pronto la camioneta también pueda ser reemplazada por un auto de menores emisiones. Nuestros viajes en avión están bastante limitados a un par de ocasiones por año.
  12. Plantar y germinar árboles. Desde hace algunos meses logramos germinar y cuidar jacarandas, aguacates, limones y colorines. La idea es sembrarlos donde sea posible o darlos en adopción para que alguien más los cuide y se haga responsable de su crecimiento. Es nuestra campaña de reforestación permanente.
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Este compostero es una de nuestras felices compras de Costco. 

Esta lista es mi manera de hacer un recuento de todo lo que sí estamos haciendo y lo que hace falta todavía. No es una forma de presumir, sino de compartir que si nosotros podemos, cualquiera puede hacerlo, porque no hay nada demasiado complicado o limitante en tratar de llevar una vida familiar lo más sana y respetuosa posible.

También es mi manera de hacer comunidad de forma respetuosa, de compartir esta forma de vivir.

¿Tú qué haces en familia para cuidar el planeta?