De compras en Houston

Después de muchos meses, quizás años, alejada de la tecnología y sus grandes beneficios, era hora de volver a la modernidad.

Debo decir que mi viejo computador y teléfono no me causaban tantos problemas. Ya estaba acostumbrada a la poca recepción, pésima batería y bajo rendimiento; y creo que era feliz en mi ignorancia. Pero es difícil abstenerse de los caprichos de la tecnología obsoleta cuando un día tus electrónicos simplemente dejan de funcionar. Es como el siglo de la vida, pero mucho más corto y programado.

¿Y qué mejor lugar para mis compras que los Estados Unidos de América? Como muchos de mis viajes, este fue algo espontáneo y on the go: confirmé mi estadía y compré un boleto. Y ya estaba lista. El plan era muy de sencillo: salir del aeropuerto directo al centro comercial y comprar todo lo que necesitaba antes de la cena. Pero en Estados Unidos es un poco distinto.

Mi llegada transcurrió sin problemas. Fue casi como un vuelo doméstico, sin muchas preguntas y pocos protocolos. Muy distinto a viajar desde Colombia, pero esa es otra historia. Texas es un estado con una alta población latina, así que no era sorpresa escuchar español en cada rincón, incluso en el control migratorio. Con un sello de entrada más en mi pasaporte, estaba lista para conocer los Estados Unidos de América.

Houston es definitivamente una ciudad grande. Con más de dos millones de personas, es un de los centros urbanos más importantes del país norteamericano. Grandes ciudadelas hospitalarias, autopistas y, sobre todo, grandes porciones de comida. Y es que everything is bigger in Texas. Todo menos su sistema de transporte público; escasamente logré ver un autobús durante mi estadía y realmente eso dice mucho de su estilo de vida.

Mi primera parada fue la tienda Apple del Memorial Center. No era aún mediodía y la tienda estaba repleta, algunos aficionados, otros curiosos y potenciales compradores se juntaban para admirar al grande de la manzana mordida.

Comprar un iPhone es una experiencia. No solo pagas por un aparato, pero todo un sistema de marketing especialmente diseñado para hacerte sentir la persona más especial del mundo por unirte a la familia Apple. Y creo que lo disfruté, al final del día pagaba 850 dólares más impuestos…

El resto del día conocí algunas de las tiendas que conforman el imaginario de la vida americana de los suburbios: Walmart, Best Buy, Office Depot, Target. Sephora y Ulta. Fue mi Niño Dios, Santa Claus y Reyes Magos en un día.

El estilo americano era totalmente distinto a lo que estaba acostumbrada. No eran las pequeñas calles de transeúntes con paradas de metro y autobuses decoradas con cafés y tienditas, pero tampoco eran vías destrozadas con niños pidiendo dinero en cada esquina. Eran grandes autopistas, grandes carros, grandes acentos y muchas actitudes. La diversidad cultural de Texas y su distribución dentro de la ciudad eran evidentes; suburbios de inmigrantes latinos, de asiáticos, de afrodescendientes y un centro marcadamente blanco. La periferia sonaba y sabía a español, a cumbias, corridos y comida asiáticas, mientras que el centro era pálido, como un café americano con demasiada leche descremada.

Pero, ¿es malo lo distinto? No lo creo. Quizás necesitaría más tiempo y un pase de conducir para adaptarme al día a día tejano. Después de todo, el estilo consumista me permitió escribir este texto desde mi teléfono sin preocuparme por la batería.